¿Qué es la identidad digital y cómo protegerla?

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Bookker Corporate
22/02/2023
Bookker Blog

La tecnología ha hecho que la frontera entre el mundo real y el virtual esté cada vez más difuminada. Es como si existieran dos planos de la existencia que son diferentes, pero, que en algunos puntos convergen. En este punto, aparecen términos como el de identidad digital, que están de plena actualidad hoy día.

Entendemos como identidad digital el conjunto de datos que conforman lo que somos en internet. Esta comprende desde nuestros datos personales hasta imágenes, comentarios, gustos, datos bancarios, etc. De ahí que sea fundamental protegerla para evitar posibles suplantaciones y usos fraudulentos. 

¿Por qué es importante la identidad digital?

En una sola frase. La identidad digital es aquello que somos en la red. Aquello que se comparte, se publica, las personas y empresas con las que se entabla relación e incluso las páginas visitadas, forman parte de esta. Cualquier acción en internet deja un rastro, aunque el usuario no sea consciente.

Toda esta información, aportada voluntariamente o no, diferencia a una persona de otra. La identidad digital permite a los usuarios acceder a servicios online, algo que a su vez deja un rastro digital. 

Algunos de estos datos están bajo control de los usuarios. Por ejemplo, la información que una red social tiene sobre una persona. Con estos, puede interactuar con otras personas, tener contenidos personalizados o acceder a servicios que requieran identificación. 

Otros datos, por contra, no están controlados por sus propietarios, al ser creada por terceros. Como por ejemplo, una reseña sobre un restaurante. Es lo que se conoce como reputación online

En cualquier caso, la identidad digital se ha convertido en un activo de mercado. Las grandes empresas pueden utilizarla para ofrecer productos y servicios que más se adaptan a los usuarios basándose en lo que saben sobre ellos. También, pueden venderlos a terceros para que hagan lo mismo.

Cuando entramos en una página estamos dando datos sin ser plenamente conscientes de ellos. Por ejemplo:

  • Ubicación geográfica.
  • Idioma.
  • Dispositivo de acceso.
  • Navegador.
  • Género.
  • Edad.
  • Historiales de búsqueda, páginas visitas, etc. 

La mayoría de estos datos se obtienen a través de las cookies. Estas son archivos que los sitios webs envían a los navegadores para conocer mejor al usuario. De ahí, el gran interés existente porque estas se acepten al visitar una página web.

¿Qué riesgos existen para la identidad digital?

En esta nueva realidad, una correcta protección de datos es el gran reto que deben asumir tanto empresas tecnológicas como los estados. Existen numerosos canales de interacción, algo que aumenta la posibilidad de que la información sea extraída y usada con fines ilegítimos. 

Así, existen varios problemas a los que hay que dar respuesta en los próximos años:

  • Suplantación de identidad. Una persona se hace pasar por otra al apropiarse de su identidad digital. A su vez, se usa para cometer otros delitos como fraudes, estafas o acceder a sus cuentas bancarias. 

Existen sistemas de verificación de identidad muy seguros, pero muchas veces no son suficientes para evitar este problema. Estos no funcionan exclusivamente mediante claves, sino que usan factores únicos de autenticación, como reconocimiento facial o dactilar. 

  • Robo de datos bancarios. La información financiera de una persona, así como sus claves de acceso puede ser revelada si no se toman precauciones extra.
  • Chantajes. Si una persona accede a datos privados de una persona, puede extorsionar con hacerlos públicos si no recibe una compensación económica.
  • Ciberataques. Las empresas son las que están más expuestas a este problema. Con el auge del teletrabajo, muchas veces los equipos de los empleados están menos protegidos. Es más probable que aparezcan brechas que faciliten el filtrado de datos confidenciales.

Todo esto sigue generando problemas de confianza en muchas personas, que se niegan a tener más presencia online de la estrictamente necesaria ante estas vulnerabilidades. 

¿Cuáles son las características de la identidad digital?

Según el paper de David Goldstein «At a Crossroads: Personhood and Digital Identity in the Information Society», la identidad digital se define por ser:

  • Social. Se construye al realizar interacciones en internet.
  • Subjetiva. Genera una percepción en otras personas y organizaciones.
  • Valiosa. Puede orientar decisiones de compra e incluso venderse a terceros.
  • Indirecta. Se forma a través de un rastro.
  • Compuesta. La forma la propia persona y otras sin su consentimiento y/o conocimiento.
  • Real. Puede tener reflejos y consecuencias en el mundo real.
  • Contextual. Es posible generar un impacto negativo si se usa donde no procede.
  • Dinámica. Está en permanente cambio y evolución.

En lo que se refiere a sus elementos, estos son múltiples y no están tan acotados. Algunos de los más notables son:

  • Publicaciones realizadas. Tanto en redes sociales como en comentarios, blogs.
  • Páginas y servicios utilizados.
  • Nombre, nicknames, avatares, etc.
  • Contactos.
  • Fotos.
  • Intereses.
  • Compras en e-commerce.
  • Etc.

Incluso lo que se hace, también forma parte de la identidad digital. Si, por ejemplo, una persona no tiene redes sociales, también es información que se incluye en este concepto.

¿Cómo proteger la identidad digital?

Muchas personas confían demasiado en la seguridad de sus dispositivos y en la de los sitios que visitan. Es un exceso de confianza que puede llegar a pagarse caro. Conviene revisar los permisos concedidos que se tienen en el ordenador y el el móvil, así como leer con detenimiento las peticiones de datos que aparecen cuando se visitan algunos sitios. 

Existen una serie de consejos que protegen la identidad digital frente a aquellos que quieren acceder a esta:

  • No acceder a redes públicas. La mayoría de las wifi abiertas no son seguras y tienen brechas de seguridad por las que es fácil acceder. Usa siempre redes privadas, ya que estas, además, ocultan la ubicación del usuario.
  • Usar webs seguras. El Protocolo Seguro de Transferencia de Hipertexto protege de muchas vulnerabilidades. Los sitios que cumplen con esta condición, muestran en su barra de URL ‘https’ en vez del ‘http’ que, hasta ahora, era habitual.
  • Contraseñas seguras. Aunque cada vez hay más cultura digital, muchos usuarios siguen usando passwords débiles. También es importante cambiarlas regularmente y no usar la misma para todos los servicios que se utilicen. 
  • Actualizar el software. Muchas veces estas vienen a solucionar problemas de seguridad que se han detectado. 
  • Leer los términos y condiciones. Cuando se instala un software en un dispositivo, se le puede dar acceso, sin saberlo, a datos personales que realmente no necesitan para funcionar. 
  • Googlea tu nombre. Es recomendable hacerlo frecuentemente para confirmar que nadie lo está usando en beneficio propio.
  • Revisar redes sociales. La información que tienen estos servicios sobre sus usuarios es parte vital de la identidad digital. Eliminar aquellas que no se utilizan y revisar los permisos concedidos es un extra de seguridad. 

El papel del blockchain

La introducción de las cadenas de bloques va a cambiar la forma de construir la identidad digital. Esta tecnología permite asegurar la autenticidad de los datos y que estos no puedan modificarse por parte de terceros.

El blockchain va a permitir que los usuarios tengan todo el control sobre sus propios datos. Además, permitirá un uso de la información descentralizado, permitiendo sistemas de verificación únicos que garantizarán que quien hace uso de los mismos es la persona que dice ser.

Estos tokens guardan gran cantidad de información sobre el usuario. Así, por ejemplo, no se necesitaría presentar un documento para certificar que se está en posesión de él. Con la nueva identidad digital basada en blockchain bastaría con autenticarse en un sistema. Al entrar en este, el documento en cuestión quedaría certificado.

El modo en el que la información se comparte en cadenas de bloques es diferente al que se ha hecho hasta ahora en línea. La información sensible nunca queda expuesta, el siempre el usuario el que decide qué comparte y qué no. 

Estos desarrollos están ahora mismo en una fase inicial. Existe un gran interés en que se acaben democratizando, puesto que protege información sensible y tiene una gran cantidad de aplicaciones. Son numerosas las empresas que ya están trabajando en esta tecnología, pero pasarán años hasta que llegue a la mayoría de los usuarios de internet.

¿En qué se diferencia de la reputación online?

En muchas ocasiones se cree que identidad digital y reputación online son sinónimos. El segundo de los términos hace referencia a la opinión que tienen terceros de una persona, marca u organización. Además, se trata de un concepto abstracto, difícil de cuantificar.

Todas las organizaciones e individuos pueden tener una. Aunque no la gestionen. La reputación online no está bajo control de quien la proyecta, sino de su entorno. Esta se crea en base a contenidos, opiniones y testimonios realizados sobre la persona, empresa o institución en cuestión.

Puede ser tanto positiva como negativa, siendo en este caso bastante difícil de repetir, en especial si se ha producido una crisis de imagen. El olvido en la red es algo que juega en contra, puesto que es muy difícil eliminar contenidos que hagan daño, sean verdaderos o no.

La reputación digital también está en permanente construcción y no es lineal. La gran cantidad de información que se crea a diario hace que sea fluida y cambiante. 

Un rastro imborrable

Todo lo que se hace online deja un rastro. Conscientes o no, los datos que se usan para interactuar en internet definen a las personas. Estos, junto a otra información suministrada voluntariamente forman lo que se llama identidad digital.


La gran cantidad de canales en los que hacemos uso de nuestra identidad digital hace que esta se pueda ver comprometida. Tomar medidas extra de seguridad como revisar periódicamente las contraseñas o no conectarse a redes públicas son buenas prácticas para evitar daños.

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